Cuando es mejor decir adiós

El otoño termina y por qué no, tenía que escribirlo aquí para hacerlo tangible. Estos últimos meses me he permitido el lujo de pensar que tenía salvación, que había conseguido encontrar a alguien con quien poder ilusionarme; pero no ha sido así. Se trata de un viejo conocido que sorpresivamente volvió a aparecer y, no sólo eso, insistió en vernos y hablar. Después de tres meses de mensajes, idas, venidas y conversaciones de tanteo decidí hace una semana ser honesta conmigo, usar el cerebro en vez del corazón y desearle un feliz cumpleaños y un año mejor, en tono de adiós.

Sí, así es mejor, sin dramas. O por lo menos que el único drama que quede es que no llegó a ser nada por miedo a equivocarnos , por mi parte, no llenar mi mochila con otro fracaso y que todo quede para poder mirarnos en el futuro sin rencores ni reproches.

Dicen que amar es de valientes, ¿qué ocurre cuando no tienes ni si quiera valentía para intentarlo?

¡Qué largo ha sido el otoño!

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